Encuentros mensuales de formación y networking permiten fortalecer el emprendimiento y la innovación a través de la colaboración generacional de emprendedores para alcanzar financiación y crecimiento de sus proyectos.
El error más común que los gobiernos hacen al intentar fomentar el emprendimiento es el de asumir que solo hay un modelo de un clúster empresarial exitoso. No tiene sentido tratar de crear el próximo Silicon Valley sin tener en consideración los notables recursos que el valle tiene: dos universidades de clase mundial, Stanford y Berkeley, y un centro financiero gigante, San Francisco.

En vez, es necesario que cada uno se enfoque en sus propias capacidades y la globalización está crecientemente disminuyendo las barreras de entrada para todos los emprendedores, particularmente aquellos provenientes de países en vías de desarrollo,  incluso aquellas economías que estuvieron cerradas por mucho tiempo como India y China.

Centroamérica no es la excepción. Regionalmente, debe haber cientos de instituciones que apoyan el emprendedurismo y la innovación. Por ejemplo, agencias de cooperación, organizaciones sin fines de lucro, universidades, y fundaciones,  por nombrar algunos, y los apoyos variados, desde asistencia técnica para mejorar sus productos, servicios o procesos productivos hasta incubadoras de negocios con servicios básicos de oficinas ¿el problema? Crear empresas de impacto requiere de capital, cuantioso en algunas ocasiones. Sin embargo, estudios indican que pocos logran conseguir el tan preciado financiamiento, aun cuando existe capital de riesgo. La razón radica por un lado debido a la falta de regularización y mercado de capitales adhoc para apoyar a los inversionistas en colocar este capital de riesgo, pero principalmente, por la falta de conocimiento y habilidades de los emprendedores en desarrollar exitosamente su negocio y lograr desarrollar las redes de contactos apropiadas.

Inyectando habilidades al emprendedor

De acuerdo a Carlos Vignolo, académico del departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Chile, en su artículo “Zen, el arte de innovar” concluye que la motivación central para innovar trasciende el mero objetivo de lucro y que en la mayoría de los casos, las motivaciones tienen que ver con proyectos de vida, con ideales, con aspiraciones sociales y con el placer de hacer las cosas bien. En otras palabras,  el promover, difundir y comprometer a los miembros de la organización con una Misión que considere la innovación de manera central, lo que contrasta con la forma en que se educa en la gran mayoría de las escuelas de negocios y carreras conducentes a posiciones empresariales o ejecutivas en la empresa. Son muy pocos los emprendedores que han sido formados por un MBA, pues mas que enseñar a diseñar e implementar un plan de negocios, deberíamos intentar fomentar la pasión por sus ideas, la motivación por alcanzar su sueño, algo que difícilmente, podrá lograrse mediante un análisis de caso, o enseñando las mejores herramientas para hacer una estimación acertada del retorno sobre la inversión.

Para Nonaka y Takeuchi, el factor explicativo fundamental del éxito innovador de las empresas japonesas es una buena forma de entender la velocidad y flexibilidad de éstas, utilizando la metáfora del rugby, donde los miembros del equipo – que se mueven en el campo como una unidad – comparten la comprensión de visión y misión de la empresa, el balón, por su parte, contiene en su definición más amplia, ideales, valores y emociones.

Otra forma de impulsar el emprendimiento ha sido mediante las aceleradoras de empresas, o incubadoras. Una incubadora de empresas es un programa que tiene por objetivo facilitar el surgimiento de emprendimientos o negocios de base tradicional y/o tecnológica brindando asistencia para que las nuevas empresas sobrevivan y crezcan durante su etapa de despegue, en la cual son más vulnerables. En general, ofrece un espacio físico compartido con otras. De este modo, las empresas incubadas pueden acceder a los servicios necesarios para su operación a costos inferiores a los de mercado. Un problema subyacente de éste concepto es que un emprendedor incipiente lo que menos tiene que hacer es quedarse inmóvil en un espacio físico. En las etapas de crecimiento se debe de estar al acecho de nuevas oportunidades, potenciales inversionistas, y socios que permitan diferenciar a su producto o servicio de la competencia, de encontrar nuevas formas de innovar para agregar valor a su oferta y de acaparar una mayor cuota de mercado.

Pero el concepto de incubadora no se reduce a un esquema de dividir gastos o compartir espacios y servicios; se trata de un programa de incentivos a la creación de empresas en donde los participantes seleccionados compartan experiencias e información entre sí, generando una sinergia que contribuya a la creatividad y a la ganancia de capacidades. Una dificultad asociada a éste concepto es que los desafíos que enfrentan los emprendedores son del día a día, únicos para cada uno de sus negocios, en constante evolución y cambio, por lo que, aun cuando pueden existir sinergias entre las empresas que participan en una incubadora, difícilmente se generarán las oportunidades necesarias en un grupo tan pequeño y tan poco representativo del entorno global.

Actualmente, en los Estados Unidos, hay muy pocas incubadoras que son realmente sustentables, mientras que en el otro extremo del hemisferio, específicamente en Chile, las incubadoras que hace algunos años estaban en apogeo, hoy luchan por lograr tener una cantidad suficiente de proyectos en el  pipeline. El principal problema que enfrentan es que no es rentable tener una gran cantidad de consultores expertos en cada una de las áreas de experiencia de los emprendedores que ayudan, y los consultores “genéricos” a su vez no son expertos en los problemas críticos de cada uno de estos innovadores.

Por otro lado, están las llamadas ONG´s, las que impulsan, desarrollan y articulan el ecosistema de apoyo emprendedor para agilizar la dinámica de la creación de nuevas empresas. El apoyo que entregan estas organizaciones, aun cuando valioso y muy particular para cada emprendedor, tiene un impacto muy limitado en el dinamismo del emprendedurismo del país o región, por ejemplo programas como Empretec de Naciones Unidas apoyan cerca de 300 emprendedores al año en toda América latina, mientras que otras organizaciones privadas como Endeavor solo logran apoyar 4 a 5 emprendedores por año por país.

El problema, radica que inyectar las habilidades a un emprendedor es un trabajo complejo, cada entorno es muy diferente entre uno y otro, por ejemplo, las oportunidades de innovación y emprendimiento de Silicon Valley son muy diferentes con las de Tegucigalpa. Mientras el primero está orientado a una industria de alta tecnología, en Honduras, muy por el contrario, la industria manufacturera juega un rol crucial en la economía del país. Además, ningún emprendedor es igual a otro, por lo que ayudar a los emprendedores intentando utilizar economías de escala, es prácticamente imposible. Y si quisiéramos tener consultores especializados para cada emprendedor que apoyamos, bueno digámoslo en palabras sencillas, no es negocio.

Innovando para difundir la cultura de emprendimiento: First Tuesday

¿Por qué nos llevó varios cientos de años aprender a poner rueditas en el equipaje? En general muchas de las innovaciones que crean nueva riqueza no son científicas, sino conceptuales. De acuerdo a Gary Hamel, profesor de Estrategia y Management Internacional en la London Business School existen tres formas de incrementar el capital imaginativo. La primera, negar el mundo de las ortodoxias y los dogmas, segundo, ser adicto a la novedad y tercero, aprender a meterse en el zapato del cliente.

Cuando comenzamos con el proyecto de First Tuesday Américas, un proyecto destinado a fortalecer el emprendimiento y la innovación en Latinoamérica, una de las preguntas recurrentes que teníamos, era como poder difundir la cultura del emprendimiento sin caer en los estereotipos ya existentes, es decir, ser una consultora especializada en emprendimiento pero sin tener la estructura rígida de las universidades, incubadoras u organizaciones no gubernamentales.

Con el tiempo, y la experiencia en la organización de cientos de eventos a nivel latinoamericano sobre emprendimiento e innovación, nos dimos cuenta que la creación de éstas redes de emprendimiento es la base para poder potenciar el emprendimiento propiamente tal.

Quizás, el hecho que nuestras raíces sean emprendedoras, y como sugiere el profesor Hamel, el haberse puesto en los zapatos de los emprendedores, se entendió que para potenciarlo se debe promover la reunión de grupos de personas con los mismos conocimientos, actitudes, valores y habilidades. Pero de una manera no tradicional.

Son los propios emprendedores, en mayor o en menor medida, que fungen el rol de consultores especializados. Cada uno de los participantes en estas reuniones que se realizan los primeros martes del mes se logra que se genere esa interacción tan necesaria que permite que los emprendedores e innovadores puedan compartir sus experiencias, sus desafíos y sus problemas con sus pares.

Claro está que no todos están en una misma etapa. Los emprendedores de 1era Generación, o aquellos que están recién empezando a emprender y no saben por dónde partir, por lo general encuentran asilo a sus conversaciones y a su necesidad de consejos en los emprendedores de 2da generación, empresarios que ya han desarrollado una red de contactos y conocen el ecosistema empresarial y su dinámica. Estos a su vez, tiene la posibilidad y la afinidad con los emprendedores de 3era generación, que son personas por lo general ya de más edad, que tienen ya una o varias empresas exitosas, con una extensa red de contactos entre inversionistas y empresarios. Aun cuando el tiempo de este limitado número emprendedores es escaso y valioso, siempre están atentos a encontrar una oportunidad reveladora, por lo que suelen mantenerse actualizado de lo que está pasando. Son así, estos últimos quienes por lo general hacen de inversionistas ángeles para los emprendedores de 1era generación, y que mediante este ecosistema de emprendimiento, o clusters de emprendedores permiten que se genere un círculo virtuoso que llamamos Cultura Emprendedora.

Hoy en día First Tuesday Américas realiza cientos de eventos alrededor de todo Latinoamérica. En América Central, está presente en El Salvador, Honduras y Panamá con eventos de emprendimiento que se llevan a cabo periódicamente los primeros martes del mes y de manera constante mediante la red social de Internet.

El objetivo es llegar a organizar una cumbre del emprendimiento Latinoamericano en Miami. Esto es un sueño, no cabe duda, pero fue un sueño el que ha motivado a grandes emprendedores a encontrar el éxito donde todos vieron el fracaso.

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